Mi vida es un carnaval

Volví a escribir. Dos semanas después de haber llegado a Buenos Aires, me siento nuevamente en la compu para escribir la última entrada de este blog. Confieso que no es fácil volver a poner la cabeza en estado viaje para relatar los sucesos del último tramo, pero no por eso quiero dejar inconcluso este blog, así que haré mi máximo esfuerzo para que salga algo digno.
Salir de Ushuaia fue raro. Por vez primera tuvimos que desandar nuestro camino, volver por la misma ruta que habíamos pisado y parar por segunda vez en la misma ciudad. Dormimos en Rio Grande nuevamente y emprendimos la vuelta al continente. Cuando pasamos por la primera frontera (para entrar a Chile) hicimos el control de rigor. La policía chilena nos pidió que declaráramos si teníamos alimentos frescos y, obviamente, le dijimos que no! Pero la señorita que estaba controlando no se confió mucho de nuestra palabra y empezó a revisar nuestro vehículo. Abrió bolsos, corrió cajas, miró en la guantera y hasta debajo del asiento… hasta que finalmente encontró 2 tomates (para los sándwiches que íbamos a preparar después) y 3 huevos. Mientras que lo sacaba repetía una y otra vez que correspondía una multa por eso. Lo hizo a Alan acompañarla a la oficina mientras yo rezaba para que nos perdonaran la multa. Sufrí durante 10 minutos hasta que volvió Alan y me dijo que la mina se había copado y nos la había perdonado (según ella, porque Alan siempre la trató muy correctamente y porque no había otra gente escuchando). Nos quedamos sin tomate para los sándwiches, pero con la alegría de habernos ahorrado la multa de $2600 (y también con la certeza de que somos dos pelotudos, no daba arriesgar por semejante boludez).
Después de eso volvimos a atravesar los 100 kilómetros de ripio, el ferry, de nuevo la frontera para entrar a Argentina y finalmente llegamos a Rio Gallegos! Dormimos en la casa de los papás de Sofi nuevamente, y aunque no nos queríamos ir porque nos sentíamos muy cómodos, nos dimos cuenta que nos quedaban pocos días para recorrer muchos kilómetros.
De ahí en adelante nos esperaban días enteros arriba de la rusita. Hasta ese momento habíamos conseguido manejar los tiempos como queríamos, no nos apuramos, disfrutamos lo que queríamos en cada lugar. Pero ahora la cosa era distinta, teníamos que volver la primera semana de marzo y nos quedaban un par de miles de kilómetros para recorrer. Y si bien hay gente que hace Río Gallegos-Buenos Aires en tres días, para nosotros veinte no eran suficientes para recorrer esas distancias.
La primera parada era Puerto San Julián, a unos 400 kilómetros de Río Gallegos. En el medio hicimos una parada por el Parque Nacional Monte León. Alan no estaba muy convencido porque esas incursiones en la naturaleza profunda incluyen siempre caminos chotos, pero yo fui lo suficientemente pesada como para convencerlo. Llegamos a la casa del guardaparques para registrarnos y que nos contaran un poco de qué se trataba y nos comentaron que había una pingüinera, podíamos ver de cerca de los famosos pingüinos de Magallanes. No habíamos pagado la excursión en Ushuaia para ver a los que habitan esa zona y no sabíamos si en Puerto Madryn podríamos ver algunos, así que ahí fuimos. Dejamos el auto adentro del parque y había que caminar unos dos kilómetros. En el camino, había unas señalizaciones que advertía la presencia de pumas en la zona. Muy polémico el cartel, que te hacía pensar que podías morir en cualquier momento devorado por un puma (solo le faltaba decir: “si ve un puma póngase a rezar”). Por suerte no nos cruzamos con ningún felino y llegamos a la pingüinera sanos y salvos. La verdad, me sorprendió el lugar, no pensé que íbamos a tener tan cerca a los pingüinos ni mucho menos que íbamos a ver una colonia tan grande. Durante todo el viaje me resultó un flash ver a los animales en sus hábitats naturales. Me ayuda a desnaturalizar mi entorno, a no creer que lo obvio es vivir rodeada de autopistas y edificios, a no creer que hay animales que sólo existen en zoológicos o que la raza humana es la dueña de todo. Me da ganas de no llevar nunca más a mis sobrinos a Mundo Marino, sino llevarlos a estos lugares (aunque quede algunos kilómetros más lejos, ja!).
A la nochecita llegamos a Puerto San Julián en busca de un lugar para dormir. Fuimos a la oficina de turismo en busca del mejor precio y nos dijeron: “hay un lugar que se llama Hotel Argentino que es lo más barato, aunque no está dentro de los hoteles que tenemos nosotros registrados. Pero te recomiendo que si queres ir a un lugar limpio vayas a otro lado”. Fuimos al Argentino pensando que no podía ser tan terrible, pero la chica de turismo tenía razón. Le pedí a Alan que fuéramos a ver otros lugares y encontramos lugares lindos a precios razonables por lo que ofrecían, pero más caro que el primero, así que decidimos volver. Paramos el auto en la puerta y yo no me quería bajar, prefería quedarme un par de horas en la rusita y entrar para acostarme cuando ya fuera la hora de dormir. Creo que rankeaba alto dentro de los lugares más horribles en los que dormimos. Igual, me quedé en la rusa un rato y después entré.
A la mañana siguiente nos compramos unas facturas para desayunar frente al mar y seguimos viaje. Nos quedaban otros 400 kilómetros para salir de Santa Cruz y dormir en Comodoro Rivadavia (o alrededores). En la rusa 400 kilómetros son, en promedio, entre seis y siete horas, y como el día anterior ya habíamos estado muchas horas andando, se tornaba un poco pesado. En una estación de servicio nos pusimos a hablar con un señor que había sido ex combatiente de Malvinas. Nos emocionamos un poco. Discutimos con Alan sobre si eran héroes o víctimas. Nos gustó charlar con alguien que fue protagonista de la historia de nuestro país.
Llegamos tipo 18hs a Caleta Olivia y nos enteramos de que la ruta estaba cortada. El acueducto que hacía llegar el agua a la ciudad estaba roto y la gente no tenía agua hacía más de 10 días. Ni el gobierno local, ni el provincial ni el nacional les estaba ofreciendo ninguna respuesta y mucha gente tenía que comprar agua mineral (o ir a buscar agua al mar) para poder hacer algo tan básico como tirar la cadena del inodoro. Los camiones y los autos se iban acumulando en una fila infinita y nosotros también estábamos ahí. En un momento me bajé y fui caminando hacia donde estaba el corte para ver si podía tener alguna información, pero camine varias cuadras y ni siquiera vi el principio de la fila, así que me volví. Los camioneros se ponían a charlar entre ellos al costado del camino, los que tenían chicos jugaban a cualquier cosa al lado del auto, algunos se entretenían con sus tablets, otros escuchaban atentos la radio siguiendo los partidos de la fecha (era domingo) y muchos pasaban el tiempo tomando mate. Me sentí en el medio del cuento de Cortazar “La autopista del sur”. No había caminos alternativos para cruzar a Chubut ni información certera de cuándo íbamos a poder hacerlo. A las 20hs avanzamos un poco, pero se volvió a cortar. Ahí si fui nuevamente en búsqueda de información de primera mano y me comentaron los que estaban haciendo el corte que iban a abrir 15 minutos cada dos horas (en esos minutos abrían la mitad en una dirección y la otra mitad en la otra). A las 22hs avanzamos nuevamente y nos quedamos a 3 autos del corte! Estábamos en frente de una YPF así que cerramos el auto y nos fuimos a cenar ahí. Lo loco que, ahí mismo nos pusimos a charlar con un camionero que también había sido combatiente de Malvinas. No nos habíamos cruzado con ninguno en todo el viaje y ese día nos pusimos a charlar con dos!
A las 12 finalmente abrieron y pudimos pasar. Antes de Comodoro Rivadavia pasamos por Rada Tilly, una localidad balnearia que está a pocos kilómetros de la gran ciudad. Ya eran la 1am y lo más económico que conseguíamos valía $350; así que nos fuimos a Comodoro en busca de algo más económico. Dimos varias vueltas, pero lo más barato seguía siendo muy caro, sobre todo teniendo en cuenta que íbamos a tener que abandonar la habitación 8 horas después. Así que, por primera vez desde que habíamos salido, decidimos dormir en la rusita. Nos buscamos una estación de servicio cualquiera, estacionamos el auto, apoyamos nuestras cabezas contra el vidrio y dormimos! Los asientos en teoría se reclinan, pero no queríamos ponernos a acomodar las cosas de atrás para hacer lugar, así que dormimos con el respaldo vertical. La verdad es que en las primeras horas me desperté varias veces porque tenía frío, pero en cuanto agarré la bolsa de dormir le pegué tres horas de sueño seguido! Nos despertamos tipo 9.30hs, con plena luz del día, en una estación en el centro de Comodoro con mucho movimiento! No fue tan grave, la verdad es que nos sentimos tontos de no haberlo probado antes en el viaje.
Eso si, estábamos cansados como para volver a andar otros 400 kilómetros, así que temprano decidimos ir al hotel de Rada Tilly que habíamos visto el día anterior. Seguían siendo los mismos $350, pero íbamos a aprovecharlo 24 horas en lugar de 8. Nos bañamos, nos tiramos a dormir y a la tarde fuimos a la playa y a pasear por el pueblo. La playa es super extensa y el mar no es más frío que el de Mar del Plata. Eso sí, había bastante viento así que la gente buscaba reparo para poder tomarse unos mates tranquila. El lugar es muy lindo, aunque tenía algo que no nos cerraba. Era como un country pero sin rejas: todas las casas lindas, la gente rubia, los chicos jugando al rugby o andando en rollers, los pocos locales comerciales que había eran super top y los parquizados de las casas eran tan perfectos que se podía jugar al golf. Siempre que veo lugares así me genera muchas contradicciones. Por un lado, el placer de estar en un lugar bello y cuidado, las ganas de vivir en un lugar así… y por el otro, la sensación de que para que alguna gente viva muy bien y con mucha plata, tiene que haber mucha más gente que viva muy mal y con nada de plata.
A la noche aprovechamos que la habitación era grande y tenía una mesita para preparar unos bifecitos a la criolla con ensalada ahí mismo y volvimos a dormir cómodos! Al otro día nos tocaba viajar otros 400 kilómetros para llegar a Puerto Madryn.
Después de Ushuaia, Puerto Madryn era la primera ciudad turística que pisábamos, y nos encontramos con precios no muy alentadores. La ciudad es linda y tiene mucha oferta hotelera, pero todo los atractivos que tiene se pueden ver pagando excursión. No era época de ballenas, y no íbamos a pagar para ninguna otra cosa, así que nuestra estadía no fue muy prolongada. Tuvimos la suerte de llegar y encontrar que había un camión itinerante del Ministerio de Salud en el que pedían donantes voluntarios de sangre. Y la verdad es que yo no donaba hace un montón (porque me el año pasado me operé del juanete) y siempre me da alegría hacerlo, así que aproveché para hacer mi contribución de sangre, charlar con gente del lugar, reírme un rato y sentirme contenta de poder ayudar a otros con solo dejar que me pinchen un ratito!
Fuimos a la playa (que es linda pero está llena de algas, eso me dio un toque de asco, aunque no me impidió meterme) y disfrutamos de pasear por la ciudad, que es muy linda. Parece un buen lugar para vivir, porque es de un tamaño intermedio, tiene una costanera hermosa para salir a caminar y un centro bastante interesante. Fuimos también a la Península de Valdes y disfrutamos de la hermosa playa de Puerto Pirámides. Seriamente, una playa para tener en cuenta si lo que se busca es un mar transparente y no muy frío, una playa amplia y en algunos lugares con la sombra y un pueblito tranquilo.
En el hostel conocimos a un grupo de tres rosarinas veinteañeras que estudiaban antropología y charlamos bastante. Un poco me hacían acordar a mí 10 años atrás. Me dio nostalgia y alegría conocerlas. Qué rápido se pasa la vida, que linda fue mi juventud y cuánto pienso disfrutar todo lo que me queda de vida. Sea mucho o poco, estoy decidida a nunca quedarme en la queja, no pensar en que hay algo que no puedo hacer, no lamentarme por lo que no tengo.
Los días en Puerto Madryn se terminaron y seguimos subiendo por la ruta 3. El próximo destino fue Las Grutas, esa ciudad balnearia que genera tanto amor y odio. Conozco a más de uno que la detesta y a varios que la adoran. Unos días antes había hablado con mi amiga Pau Arrue y me había comentado que iba a estar en esa localidad de vacaciones, justo para la fecha en la que nosotros íbamos a pasar, así que contentos fuimos a su encuentro. Pau y Luis tienen una hija que se llama Martina y la última vez que la había visto, era casi un bebé. Reencontrarme con Martu hecha ya una nena fue la prueba más contundente de que, aunque no lo sintiéramos así, había pasado bastante tiempo desde nuestra partida.
Si bien habíamos estado en otras playas antes (de lagos y de mar), ésta me hizo sentir en mi infancia. Todo lo que tiene que tener una playa lo tenía: vendedores de churros; de pochocho; de pañuelos; de barriletes; de burbujero; de choclo; de pan relleno; de helado y mucho más; chicos corriendo de un lado para otro; desafíos de paleta-pelota; partidos de fútbol playa que se ponen picantes con el público a los costados y castillos de arena; barrenadoras de tergopol en el mar y gente blanca que quedó encendida después de un día de sol sin protección.
Nos tocaron lindos días de sol, que disfrutamos en la playa y a la noche nos juntábamos a cenar con Pau, Luis y Martu en su apart hotel (nosotros estábamos en un hostel a unas cuadras). Fueron unos días de mini vacaciones con amigos. Obviamente, nosotros llegábamos a la playa sin más equipamiento que la malla y el equipo de mate, y ellos iban preparados para todo: carpa playera, heladerita con alguna bebida y yogurt para Martina, baldecitos y pala, lona, toallón y vasito anti-vuelco. Como se complica ir a la playa cuando empieza a haber niños! La pasamos tan bien que me confirma que 15 días de vacaciones por año es una ridiculez. Uno debería poder irse con su pareja/familia 15 días y tener otro tiempo para disfrutar con amigos. No hay manera de hacer crecer los vínculos afectivos si no es compartiendo tiempo. Y no hay manera de tener una buena vida si uno no está rodeado de esos amigos. Algo me dice que trabajar mil horas por día durante todo el año no es sano!
Ellos se quedaron disfrutando de sus vacaciones y nosotros seguimos viaje. Pasamos por Viedma, comimos a la orilla del río, dormimos una siesta en el pastito y nos fuimos al balneario El Condor en donde nos recibieron con mate y unos ricos churros. Una compañera del voluntariado (nos conocimos haciendo acompañamiento educativo en barrios vulnerables) estaba de vacaciones ahí con la familia y gentilmente nos ofrecieron un lugar donde dormir. Alan hizo pollo a la parrilla para toda la familia y todos contentos! Al día siguiente, después de almorzar, seguimos subiendo.
A la media hora de haber salido ya estábamos en Provincia de Buenos Aires. Si bien nos quedaba una semanita, entrar nuevamente en nuestra provincia era, de algún modo, confirmar lo que ya sabíamos… nos quedaba muy poco. Paramos en Bahía Blanca, en el único hostel que hay que está en una zona no muy agradable (el equivalente a Constitución en capital federal). La edificación era muy grande y, si bien era un hostel, funcionaba más como conventillo, porque había mucha gente viviendo ahí. Los baños eran un asco pero la ducha salía caliente y fuerte y las camas estaban bien. La habitación en la que estábamos daba a la calle y a las 4 am nos despertaron los gritos de la gente que estaba afuera peleándose. Pasar tanto tiempo alejada de la gran ciudad me hizo desacostumbrarme a las situaciones de violencia con las que solemos convivir en capital. No sabemos muy bien cuál fue el motivo que originó la pelea pero a uno le rompieron el parabrisa y las cuatro cubiertas y escuchamos a gente pasada en alcohol amenazándose de muerte y otras cosas. La bienvenida a nuestra provincia no parecía ser la mejor. Pero, ya tendría tiempo Buenos Aires para redimirse, y así lo hizo.
De Bahía nos fuimos a Casbas, un pueblo ignoto de 5000 habitantes que queda al oeste de la provincia de Buenos Aires, bastante pegada a La Pampa. Un pueblo en el cuál no tendría ningún interés particular si no fuera la tierra de mi amiga Rochi Moralejo. La vida me sorprendió al encontrarme con gente maravillosa cuando ya era grande y creía que ya tenía a todos los amigos que necesitaba y yo tuve la viveza de no dejar pasar a esa gente. Una de mis amigas que conocí ya siendo grande es Rochi. Aunque ella y yo trabajamos en distintas áreas en Merck, rápidamente pegamos onda y compartimos mil almuerzos con charlas banales y profundas; y pudimos sostener esta amistad aún cuando dejamos de compartir el ámbito laboral. Estamos en desacuerdo en un montón de cosas, pero no por eso dejo de admirar su coherencia, la garra que siempre le puso a su formación y sus valores.
Rocío no sólo nació en Casbas, sino que ese pueblo es una parte clave de su identidad. Y yo sentí que si no conocía a ese lugar, iba a ser imposible terminar de conocerla a ella. De modo que arreglamos para encontrarnos allá el fin de semana de carnaval. Ella me dijo, como al pasar, que nos iban a recibir en la casa del campo. Y yo, que no soy una chica de campo, no tenía idea lo que eso significaba. La casa de campo de la familia de Ro fue la estación de ferrocarril que empezó a funcionar ahí hace más de 100 años, cuando el pueblo todavía no estaba fundado. Cuando dejó de ser la estación lo compró otra familia que lo transformó en una casa y finalmente lo compró el abuelo de Rochi, quien tuvo abandonada la edificación hasta que, hace un par de años, los papás de Ro decidieron restaurarla. Nuestra cara de asombro al entrar debe haber sido de novela. Parecía una de esas estancias para extranjeros y gente muy adinerada por la que te cobran u$s 300 dólares la noche. La cocina-comedor había sido modificada para poder tener muchos invitados, pero todo con la estética original. Los pisos, los muebles, las ventanas… todo era bellísimo! Sin dudas uno de los lugares más lindos donde dormimos en todo el viaje.
En Casbas nos recibieron de lujo. Los papas de Rochi invitaron a muchos amigos a comer un guiso con choclo cosechado ahí mismo el día anterior así que disfrutamos de un almuerzo exquisito con gente del lugar. Lo que más me sorprendió de las conversaciones es que es imposible escapar de la mirada ajena viviendo en un pueblo tan chico. Todos saben lo que hacen y dejan de hacer todos, y funciona una suerte de control social que no me divierte mucho. Me impresiona un poco que alguien te vea por la calle en un auto y sepa de quién es ese auto. Los rumores van y vienen, y es imposible hacer algo sin que todo el pueblo lo sepa. Está bueno poder saludar a todo el mundo en la calle, saber quien es, poder charlar un poco… pero no está bueno que tengas que dar explicaciones de todo lo que haces todo el tiempo.
A la tarde fuimos a la laguna de Cochicó, que está ahí nomás, a tomar mate. Es una laguna que ya la conocía de nombre, porque es muy famosa entre los pescadores de pejerrey… Mi equipo de pesca se quedó en Mendoza, así que no pude probar suerte con los pejerreyes, pero disfrutamos de la tarde con charla política y bizcochitos.
Al día siguiente le pedimos al papá de Ro que nos hiciera una visita guiada por su criadero de chanchos. La familia de ella vive del campo, un poco de la soja, otro poco de otros cultivos, y otro tanto de un criadero de chanchos. Fuimos a aprender un poco cómo se criaban los chanchos que eventualmente terminan en nuestras parrillas. Siempre es interesante aprender cuales son las limitaciones y las potencialidades de un negocio, cómo funciona, cómo fue cambiando el negocio a partir de ciertos avances tecnológicos, cuánto hay que invertir para poder empezar en ese rubro. Lo primero que hay que tener para montar este negocio, diría yo, es coraje. Ver la producción y matanza industrializada de animales para el consumo humano es una experiencia fuerte. Me hizo poner en evidencia todas las contradicciones que siento con respecto a ese tema, cuán en desacuerdo estoy con eso y al mismo tiempo lo poco y nada que hago para dejar de consumir carne. Uno tiende a naturalizar sus costumbres y a sacarle el contexto. Cuando como una bondiolita de cerdo no pienso en el criadero de chanchos, simplemente la disfruto. Y al mismo tiempo, si bien no me divierte ver como producen y matan a los chanchos, en ningún momento se me cruzó por la cabeza seriamente dejar de comer animales para evitar eso. Como me gustaría poder ser coherente siempre! Creo que es una de las virtudes más difíciles de alcanzar.
También Rochi organizó una cena con sus amigos y disfrutamos todos de unos bifes al disco que estaban para chuparse los dedos. Hablamos con los chicos (que son un poco más jóvenes que nosotros) de la vida en Casbas y nos divertimos mucho.
Pero la experiencia más copada de nuestra estadía en Casbas fue el carnaval. Ese fin de semana se cerraba el carnaval en Guamini, una localidad cercana que forma parte del mismo municipio que Casbas, y ahí fuimos. Yo nunca había estado en un carnaval y, en el momento en el que entré, me di cuenta que es la clase de fiestas que me divierten. Una fiesta popular, con morfi a precios populares, con chicos tirandose espuma, con gente de todas las edades participando en las carrozas, con familias enteras que habían llevado sus sillitas para instalarse al lado del “corsódromo” (la calle principal del pueblo que había sido cerrada para la ocasión), con música, con fuegos artificiales y con un exceso de buena onda. Moría por comprarme un pomo de Rey Momo y empezar a tirar espuma a gente que no conocía, pero mi amiga me advirtió sobre las consecuencias que eso podía tener (es decir, que íbamos a terminar todos bañados en espuma). Así que nos comimos unos sándwiches de carne con papas y nos paramos a ver como transcurría el evento. En un momento baja un hombre disfrazado de la carroza que era un barco pirata y me toma por sorpresa, me alza y me sube al barco. Subió a un par de chicas más, nos ataron al mástil y terminamos bañadas en espuma y agua. Me cagué de frío y de risa un rato y salté del barco cuando ya tenía mi cuota de diversión infantil cubierta.
Nos quedamos hasta el final, esperando el sorteo de un auto 0km que se hacía con el número de la entrada. Que buena manera de terminar el viaje hubiera sido! No nos tocó a nosotros, pero por lo menos se lo ganó una familia que es amiga de Rochi. Aunque, a decir verdad, que buena forma de terminar el viaje fue haber estado en ese carnaval, aun cuando no nos hayamos ganado nada. Lo sentí como el fiel reflejo de lo que era mi vida en este momento, y de lo que había sido siempre: una fiesta.
Terminó nuestra estadía en Casbas, teníamos que dejar ya la bella casa de campo y volver. Podríamos haberlo hecho de un tirón hasta nuestra casa, pero el viaje se hubiera hecho muy largo y no queríamos llegar de noche. Por suerte, conseguimos quién nos reciba en Roque Perez. Grace y Carlos, con quien habíamos estado a mitad de viaje en Córdoba, nos recibieron en esa localidad que es tan cercana a capital federal y al mismo tiempo parece otro planeta. Sumergido en el cemento de capital y GBA, uno tiende a pensar que la vida es parecida muchos kilómetros a la redonda. Pero, evidentemente, no. A apenas 130 kilómetros de nuestra casa la gente vive en pueblos, rodeada de soja y de vacas, de casas bajas y calles de tierra. Llegamos cuando ya estaba cayendo la noche, charlamos, cenamos y seguimos charlando. No pude dormir. Por segunda vez en todo el viaje (y probablemente en toda mi vida) estaba acostada, pero bien despierta. Ya está. Ahora si, sólo quedaba la vuelta, esos 130 kilómetros que nos separaban de nuestra casa y nuestra gente, de nuestra rutina, de la vida que conocemos. Se terminaba esa noche este viaje que empecé a desear en 2010, ese viaje sin rumbo fijo, sin plazos muy definidos, sin planes concretos. Tuvo gusto a poco, aunque confieso que más de una vez hubiera pagado la plata que no tenía por estar con mi familia y mis amigos. No fue exactamente como me lo imaginaba, porque no tenía una idea concreta del viaje. Fue un poco más turístico de lo que hubiese querido, pero me dio el tiempo que necesitaba para confirmar algunas cosas que venía pensando: que necesito mucho menos para vivir; que el tiempo y las experiencias valen mucho más que la plata y las cosas; que quiero y necesito aprender a hacer cosas (menos paja mental y más acción); que necesito hacer mucho más por los demás, porque a mi ya me tocó mucho en esta vida; que hay que tomar las decisiones que nos lleven a ser las personas que queremos ser, sin quedarnos en el lugar de la queja; que nada de lo que nos ofrece la tecnología puede reemplazar un abrazo o una mirada; que la experiencia es intransferible; que hay que laburar mucho para ver como resolver las contradicciones y, sobre todo, pude confirmar que tengo la vida que quiero tener. A veces me da un poco de vergüenza sentirme tan bien sabiendo que mucha gente que quiero no encuentra la manera de disfrutar plenamente estos pocos años que tenemos en este mundo.
Llegamos a casa. Alan tuvo que irse a trabajar desde el minuto 1 (alguien tiene que mantener a esta familia) y yo me dedique estas dos semanas a compensar mis 7 meses de ausencia. Estuve lo más cerca que pude de mis amigos Andre y Agustín, que se casaron en estos días y de los cuales quería estar cerca en este momento tan importante de sus vidas y también hice lo que pude por ver a mis otros amigos y familia; aunque todavía no pude ver a todos ni dedicarle el tiempo que quisiera. Volví a andar en mi bicicleta y me di cuenta que no tengo manera de estar arriba de ella sin que se me dibuje automáticamente una sonrisa en la cara. Conocí a mi sobrina Emma y me reencontré con mis otros sobrinos, que con sus sonrisas y sus abrazos me llenaron de amor en dos minutos. Volví a la cancha, a sufrir por River y su horrible forma de jugar, pero a alegrarme de poder estar en la tribuna gritando. Volví a dormir en mi cama, a comer rico, a disfrutar del departamento en el que vivimos, que nos encanta.
El viaje fue un tiempo maravilloso para pensar, conocer, charlar, desnaturalizar, extrañar, arriesgar. Fueron 7 meses de intensa alegría. Pero cuando llegué a casa me di cuenta que mi vida acá es también muy intensa y alegre. No quiero sonar como Celia Cruz, porque mi tío Julio siempre me decía que era una gusana, pero hoy puedo compartir con ustedes la alegría de saber que mi vida es un carnaval.

PARQUE NACIONAL MONTE LEON- Ruta 3

Pinguino de Magallanes
IMG_3973

Desde la altura se veía que la colonia de pinguinos era muy grande

IMG_3975

 

IMG_3991

IMG_3995

IMG_3999

IMG_4002

IMG_4004

Cartel polémico! Te alarmaba más de lo que te ayudaba. Igual, si te viene un puma, cagaste!

IMG_4008

El camino poblado de guanacos

IMG_4012

 

IMG_4013

PUERTO SAN JULIAN

En esta localidad supuestamente se celebró la primera misa en territorio argentino. Al parecer Magallanes primero llegó a San Julian (en un barquito similar al que está en la foto) y después siguió al sur.

IMG_4015

Monumento para recordar a los caidos de Malvinas

IMG_4016

Linda mañana para desayunar frente al mar

IMG_4020

Corte de ruta en Caleta Olivia

IMG_4022

El camino a oscuras, la única luz la de la YPF

IMG_4028

RADA TILLY

A la tarde el mar está copado por los kyte surfers

IMG_4030

La playa con gran extensión, perfecta para remontar barriletes, jugar a la pelota, andar en bici, hacer pelota-paleta o lo que sea

IMG_4032

Casas para todos los estilos, aunque para todos estos estilos hay que tener mucha plata!

IMG_4033

IMG_4035

IMG_4037

PUERTO MADRYN

Playa linda pero llena de algas

IMG_4039

IMG_4041

El centro de interpretación de Península de Valdes, muy interesante

IMG_4042

Puerto Pirámides, una de las playas del país que más me gustó

IMG_4043

IMG_4045

Fuimos a un mirador de lobos marinos

IMG_4055

IMG_4056

IMG_4060

LAS GRUTAS

Martina recién levantada de la siesta

IMG_4068

Pau y Martu

IMG_4071

Adicta al dulce de leche

IMG_4119

Cuando la marea está baja, se ven varios metros de playa con roca, donde se forman las famosas piletas

IMG_4120

Muy interesante este sistema, un hueco en la piedra con forma de pileta que todos los días recambia el agua cada vez que sube la marea. Está bueno porque el agua se mantiene un poco más calentita y tiene pecesitos.

IMG_4123

IMG_4124

Churros y mate en la playa. Media hora más tarde eso estaba todo cubierto de agua.

IMG_4126

Burbujas para deleite de los chicos

IMG_4129

Pelota-paleta, infaltable

IMG_4130

Heeeelado helaaaado

IMG_4134

Futbol playero, el equipo de vendedores ambulantes senegaleses contra el resto del mundo. Se puso picante!

IMG_4141

La playa centrica concurrida pero sin apiñarse

IMG_4144

El centro de las grutas

IMG_4145

La más linda de todas

IMG_4148

IMG_4159

A Martu le gustaba barrer

IMG_4172

IMG_4180

IMG_4189

Pintandose los labios

IMG_4195

El equipo completo

IMG_4200

Madre e hija tomando del pico

IMG_4205

IMG_4208

IMG_4211

Martu señalando los peces

IMG_4220

IMG_4223

IMG_4226

Comiendo yogurt

IMG_4228

IMG_4241

Empezó a crecer el agua sobre las piedras

IMG_4242

IMG_4243

IMG_4246

Alan se compró un heladito y lo terminó comiendo Martu

IMG_4248

Almorzando en Viedma un día de calor, con Carmen de Patagones en frente

IMG_4250

CASBAS

IMG_4566

La famosa casa del campo

IMG_4523

IMG_4274

Se llama así porque efectivamente hay campo alrededor de la casa, ja

IMG_4304

Maiz

IMG_4310

Rochi y yo

IMG_4311

Una de las máquinas del campo (que ya ni me acuerdo para qué servía)

IMG_4313

Hermoso atardecer

IMG_4320

IMG_4323

Nuestra habitación deluxe

IMG_4332

El baño divino

IMG_4488

Uno de los ambientes que aun no está acondicionado, pero que tiene los pisos y aberturas originales

IMG_4503

La cocina comedor fue reformada para hacer unos asados espectaculares

IMG_4543

IMG_4551

IMG_4514

Carnaval en Guamini

IMG_4336

Lista de precios populares

IMG_4339

Si los chicos tiraban sus envases de espuma vacíos ahi, les daban un número para participar de un sorteo

IMG_4340

Los animadores

IMG_4343

Niños y adolescentes terminan cubiertos de espuma

IMG_4344

La murga no puede faltar

IMG_4347

La carroza ganadora, la serpiente se movía y era claramente mucho más copada que el resto. Si no ganaba se pudría todo.

IMG_4352

Los chicos también participaron en categorías individuales

IMG_4356

Show de fuego

IMG_4376

En la carroza gorila, una gorila y un peroncho

IMG_4395

EL barco pirata

IMG_4404

Me atraparon!

IMG_4424

IMG_4425

Comparsa

IMG_4452

Bailando cumbia mientras esperamos el sorteo

IMG_4463

Fuegos artificiales para cerrar el evento

IMG_4477

Laguna de Cochicó

IMG_4483

Mate y discusión política

 

IMG_4484

IMG_4485

Rochi se hizo la asadora pero fue la mamá la genia que preparó el almuerzo

IMG_4508

IMG_4511

Criadero de chanchos

 

IMG_4570

El papá y el hermano de Rochi nos cuentan un poco cómo funciona el negocio

IMG_4574

Los chanchitos recién nacidos

IMG_4589

IMG_4603

IMG_4608

Este es el padrillo. Con el semen de uno fecundan a un montón de chanchas

IMG_4610

IMG_4614

Carlitos con sus dos hijos!

IMG_4617

IMG_4622

Cena con amigos y sobrinos de Rochi. Acá con su ahijado!

IMG_4632

IMG_4636

Que cara de pícaro!

IMG_4637

Valen teniendo una charla adulta con su tía

IMG_4640

Pablito se jugó y cocinó al disco

IMG_4642

Los bifecitos, un espectáculo

IMG_4645

Acá la banda completa ocupandose de la comida

IMG_4646

ROQUE PEREZ

Desayuno con solcito

IMG_4667

La huerta que ya dio sus tomates peritas y otras variedades

 

IMG_4668

La rusita, preparandose para volver

IMG_4669

Ultima foto con la rusita en viaje

IMG_4672

Nos despedimos, hasta pronto!

IMG_4674

La rusita en la puerta de la casa de mis viejos! Se acabó!

IMG_4682

 

 

Advertisements

4 thoughts on “Mi vida es un carnaval

  1. Durante 7 meses, tu blog nos hizo pasear, conocer hermosos lugares y vivir junto a ustedes riquísimas experiencias que sin duda nos interpelaron, nos cuestionaron y abrieron un espacio privilegiado para reflexionar sobre la vida…
    Aunque vamos a extrañar mucho el blog…estamos muy felices de tenerte con nosotros!!!!!

  2. Querida Belu estoy contenta de que hayas retornado a tu lugar y a la cotidianeidad con los tuyos, estoy Feliz de que hayas podido concretar tu sueño y de haber participado unos días con Uds de este ansiado proyecto. Voy a extrañar este blog pero lo importante fue compartir con Uds todo lo vivido!!!!! Besos a los 2 !!!

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s